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Antoine
Gaber es un pintor canadiense de actuación internacional
. Entregado a su pasión por la naturaleza, crea una
obra trascendente. Se puede decir que ningún paisaje
le es ajeno. Mar, bosques nevados, prados, ríos, flores
y así, todo lo que pueda pintarse.
Se le
vincula al impresionismo, desde la mirada de un artista de
nuestros días que abraza esa tendencia cuyas raíces
no han cesado en su desarrollo. Si es cierto que la pintura
de Gaber presenta muchos puntos en común con los pintores
de esa corriente, tales como el amor al paisaje, o la decisión
de captar el momento y el clima, sin embargo, más allá
de esas afinidades, Gaber es un sabio pintor con voz propia.
Porque Manet y sus compañeros, poseían, una
visión del momento algo diferente, más inmediata
y fugaz; tal como se comprueba por ejemplo en los procedimientos
del dibujo, abocetado y rápido, en la exaltación
del color y en la no utilización de las sombras oscuras,
suplantadas por azules fríos. Se ha dicho que los impresionistas,
detenían su mirada a centímetros del modelo,
lo que se traduce en la vaguedad de las formas.
Sin embargo,
sorteando afinidades y diferencias, es necesario afirmar,
que la pintura de Antoine Gaber defiende sus valores desde
la particularidad de su estilo y de su asombro ante la naturaleza.
Se transmite de su sentir, la necesidad de crear una imagen
que sea expresión de vida, de trasformar la materia
inerte en algo viviente. Un afán que late en el verdadero
artista de todos los tiempos.
Antoine
Gaber es un afinado colorista que capta el clima espiritual
de cada paisaje y sus infinitos matices, diferenciando con
aguda sensibilidad cada uno de ellos , para inventar un mundo
que sea expresión de sentido universal. Ese hondo sentimiento
ante el fluir de la naturaleza es volcado a través
de los medios plásticos en imágenes exultantes
de vida. Su estilo presenta un dibujo definido, mientras la
luz y la sombra y a veces un insinuado claroscuro, revelan
el carácter particular de cada motivo. Es un observador
que goza deteniéndose con fruición, ante la
calidad particular de una cierta mata o una flor, sin abandonar
los grandes escenarios del paisaje.
En tiempos de grandes incertidumbres, Antoine Gaber a través
de su obra original y vigente, recoge el legado de belleza
que los impresionistas ofrendaron al arte, manteniendo valores
hoy en riesgo de perderse. Sabe este pintor, que en la naturaleza
aguardan armonías extraordinarias, para quienes se
acerquen a ella con el corazón y los ojos abiertos.
Sarah
Guerra, Asociación Argentina e Internacional de Críticos
de Arte
Julio
de 2005
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