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Traducido
de la cotización italiana, Cita literal
Inicia
la serie de exposiciones en el “Museo Diocesano della
Chiesa di Santo Stefano” de Florencia, una exposición
personal dedicada al pintor canadiense de origen egipcia,
Antoine Gaber que con justicia se auto coloca en la corriente
postimpresionista. Su obra figurativa, de sorprendente continuidad,
nos comunica, con una rica paleta cromática, imágenes
y sensaciones ligadas al mundo de la naturaleza, recogiendo
‘impresiones’ fugaces llenas de luz y de brillantes
colores. Un tripudio de veloces pinceladas que nacen del
fondo de su sentimiento melancólico y nostálgico
pero que desea, dentro del rutilante arco iris de trazos
matéricos incendiados de colores, que se plasmen
y se mezclen con un efecto de luz alzándose prepotentemente
en un himno alegre que late por la vida, donde todo es luz,
incluso en las sombras de colores (de acuerdo con la lección
de los impresionistas franceses) y en los reflejos del agua.
Un homenaje a los grandes maestros como Monet, con aquellas
flores y plantas arrastradas por una corriente en contraluz
(con una referencia a la tradición ‘preraffaellita’
inglés) y también al postimpresionismo donde
los colores se vuelven más firmes, absolutos y ‘violentos’
como en el estilo del último Michele Cascella.
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La bella
iniciativa de Pasión por la Vida que se lleva a cabo
en el “Museo Diocesano della Chiesa di Santo Stefano”
de Florencia y en el Hotel Baglioni nos parece interesante
por dos motivos: primero, por la presencia de numerosos
artistas extranjeros, de diferente nacionalidad, motivación
y técnica artística, además de experiencia,
currículo, capacidad y estilos de expresión,
que representan sin duda un estímulo para Florencia,
que desde hace tiempo, como es bien sabido, resulta ser
una ciudad encerrada en sí misma y en el recuerdo
de su glorioso pasado y no siempre abierta, sobretodo desde
los años sesenta, para recibir la gran variedad de
tendencias culturales y artísticas del arte contemporáneo.
Sin embargo, para los pintores y escultores jóvenes,
es un estímulo, el poder estar en contacto con el
gran patrimonio florentino, al encontrarse y confrontarse
en un lugar tan rico de historia y encanto como lo es el
“Museo Diocesano della Chiesa di Santo Stefano”
de Florencia. Este intercambio y esta influencia inequívoca
esperamos pueda en un futuro, ayudar a la Ciudad de Florencia
a reintegrarse en un circuito internacional de ideas en
el campo del arte y le permita recobrar el papel de protagonista
que poseía en la promoción de manifestaciones
y movimientos que han dejado una profunda huella en la historia
del hombre.
Antes
de hablar de cada uno de los artistas es importante mencionar,
aunque en manera breve, la importancia histórica
y artística del prestigioso lugar que hospedará
esta vitrina internacional de arte contemporáneo.
El “Museo
Diocesano della Chiesa di Santo Stefano” de Florencia
se abrió en 1995, en parte utilizando los antiguos
locales del ex convento de Santo Stefano y conserva obras
de arte muy importantes como la estatua de mármol
de la "Madonna con il Bambino"de Nino Pisano (sig.
XIV), la "Madonna in trono con il Bambino e angeli"
de Giotto (1290-1295), la "Madonna con il Bambino"
de Giovanni del Biondo (sig. XIV), cuatro estatuas del colegio
de Orcagna (sig. XIV), una tabla de altar de Quarate, de
Paolo Uccello (1433/1434), la "Annunciazione"de
Bicci di Lorenzo (sig. XV), un tríptico de Filippo
Lippi y el "Incontro del servo di Abramo con Rebecca
al pozzo" de Santi di Tito (1602).
Del Claustro, sede de la exposición de Pasión
por la Vida, se entra en la Iglesia de Santo Stefano al
Ponte. El Edificio Sacro es de antiguos orígenes,
como se documenta ya en el 1116, pero su fundación
real se llevó a cabo en el año 969. Basílica
a tres naves con un ábside con dirección hacia
el oriente. Reconstruida con una sola nave, la cual fue
ampliada en 1233 y al inicio del ‘300. De su antigua
fase románica, queda en la iglesia la parte inferior
de la fachada a “filaretto” con dos portales
laterales. El sector superior de la fachada y el bellísimo
portal central en mármol blanco y verde pertenecen
a la última fase gótica medieval.
En el
siglo XVI se constituye, en algunas partes de la canónica
y del convento, la Compañía de San Lucas,
la cual reunía numerosos artesanos y joyeros de la
zona. Los altares laterales, a lo largo de la nave, pertenecen
a la segunda mitad del ‘500, inicios del ‘600.
En 1585 se concedió la iglesia a los Agustinos de
la Congregación de Lecceto.
En 1631-1641, el marqués Anton Maria Bartolommei,
inició la reconstrucción de la parte interior.
En 1637 se realizó el corredor lateral de la iglesia
que va hacia el convento (eliminando las capillas inicialmente
previstas a la conclusión de la nave transversal)
Bartolommei en persona fue el arquitecto, ayudado en parte
por el ingeniero Andrea Arrighetti (1592-1672), al menos
en lo que se refiere al convento (del 1639, pero es probable
desde 1634). Arrighetti fue amigo y seguidor de Galileo
Galilei, apreciado de Torricelli, de Viviani y miembro de
la Academia de la Crusca. En 1655 los herederos del marqués
Bartolommei concluyeron el sector del ábside con
la cripta y la parte del presbiterio. A partir del 1650,
Ferdinando Tacca (1619-1682) también colaboró
con el proyecto.
El majestuoso
y escenográfico presbiterio, casi una estenografía
teatral, inervada por un doble orden arquitectónico
corintio en piedra serena, está formado de figuras
geométricas cuadradas, rectangulares, octagonales
y decagonales. Dicha arquitectura, única en Florencia,
herética, heterodoxa y anteclásica es uno
de los ejemplos más significativos de la exuberante
originalidad barroca en la Toscana.
En 1894-1895
el arquitecto Luigi del Moro (1845-1897) colocó el
actual altar mayor, proveniente de la iglesia de Santa Maria
Nuova, obra de gran elegancia de Giambologna (1529-1608)
del 1591, con al frente la espléndida escalera manierista
de la iglesia de la Santa Trinidad, obra de Bernardo Buontalenti
(1536-1608)
En agosto
1944 el edificio sufrió grandes daños, a causa
de las bombas alemanas; en 1966 por la gran inundación
y en 1993 con la bomba que colocaron en Via dei Georgofili;
sin embargo siempre ha sido escrupulosamente restaurada.
1
Julio 2006
Prof.
Giampaolo Trotta, Críticos
de Arte
Florencia, Italia
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